El discurso del cambio y la “nueva movilidad” en Nuevo León ha colapsado frente a la realidad de las calles. En una muestra explícita de cinismo político, la administración estatal ha pasado de prometer un sistema de transporte de primer mundo a lavarse las manos de forma descarada. Tras gastar recursos públicos en promesas millonarias, la narrativa oficial dio un vuelco insólito: ahora resulta que el verdadero culpable del caos cotidiano no es la incapacidad de gestión, sino la existencia de la hora pico.
La reciente confesión del Gobernador Samuel García no solo evade cualquier responsabilidad sobre el colapso vial, sino que desnudó una postura defensiva que roza en la burla hacia los automovilistas y usuarios que sufren diariamente horas de estancamiento en la Zona Metropolitana de Monterrey.
Excusas baratas y camiones inservibles para la crisis
Durante meses se vendió la narrativa de que la compra masiva de camiones importados resolvería por completo el tormento diario de los regios. Sin embargo, el propio Mandatario salió a admitir que la adquisición de miles de unidades no ha servido de nada para agilizar los traslados. La frase de que “más camiones no es la solución porque van a ir atorados en el tráfico” expone la improvisación total con la que se planificó la movilidad del estado.
Para colmo, la respuesta oficial ante los constantes reclamos por las fallas, fallas mecánicas y el cuestionable origen de los camiones chinos fue el reproche directo hacia los ciudadanos. Excusarse en que “era lo que había por el Covid” deja al descubierto la falta de rigor técnico y la urgencia de entregar compras infladas sin importar la durabilidad o la efectividad real de los vehículos en las calles.
El panorama que enfrenta la ciudadanía es el resultado directo de decisiones improvisadas:
- Población atrapada por obras mal planeadas: Frentes de trabajo mal coordinados, como las obras del Metro y excavaciones sin control, mantienen estranguladas avenidas vitales como San Jerónimo y San Nicolás sin rutas alternativas eficientes.
- Cero planeación metropolitana: El flujo de carga pesada sigue destruyendo e interrumpiendo el tránsito local, mientras los operativos en el Centro y periferia solo generan mayores nudos viales.
- Gasto millonario sin resultados: Se prometió un transporte eficiente para desincentivar el uso del automóvil, pero el fracaso de las rutas ha obligado a la gente a saturar aún más las avenidas.
El truco del reloj: patear el bote hasta el final del sexenio
Incapaz de ofrecer soluciones reales, la estrategia de la administración viró hacia el reparto de culpas. Ahora el gobierno pretende que sean la iniciativa privada, las escuelas y los ciudadanos quienes resuelvan el problema modificando sus rutinas mediante horarios escalonados. Resulta profundamente cínico exigirle a la sociedad que ajuste sus vidas para tapar las deficiencias de una autoridad que prometió resultados inmediatos.
Pero lo más alarmante es el cálculo político detrás de los tiempos. Al señalar que este esquema tardaría de uno a dos años en reducir un 40 por ciento la congestión vial, la administración actual busca ganar tiempo de forma deliberada. Prometer mejoras a dos años vista no es más que una maniobra para evadir el costo político actual y patear el problema hasta el cierre del mandato, cuando el margen para exigir cuentas sea mínimo y las promesas incumplidas queden en el olvido.
La cruda realidad tras el discurso publicitario
En resumen, Samuel García ha alcanzado un nivel inaceptable de cinismo al admitir abiertamente que sus miles de camiones chinos no sirvieron para resolver el tráfico, culpando insólitamente a la “hora pico” y a los propios ciudadanos por el caos. Al condicionar la solución a un plan de horarios escalonados que tardaría dos años en dar resultados, el Gobernador simplemente busca deslindarse de su responsabilidad, lavarse las manos y dejar a Monterrey atrapado en el colapso vial mientras él agota su tiempo en el cargo sin entregar cuentas claras.
¿Hasta cuándo la ciudadanía de Nuevo León tendrá que aguantar que el gobierno culpe al reloj y a los automovilistas en lugar de asumir el rotundo fracaso de sus promesas de movilidad?
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