La imposición del uniforme naranja de Samuel García en escuelas secundarias públicas de Nuevo León abrió una nueva controversia. Directivos escolares comenzaron a exigir el uso obligatorio de prendas entregadas por el gobierno estatal, con logotipos oficiales y el color distintivo de la actual administración. La medida, aplicada en planteles de Nuevo León, desató inconformidad entre padres que cuestionan la mezcla entre educación pública e imagen política.
Escuelas Reciben Instrucción Para Usar Uniforme Naranja
En distintos planteles de educación secundaria, directivos notificaron a padres de familia que los alumnos deberán portar de manera obligatoria el uniforme entregado por el gobierno estatal. La indicación comenzó a circular días antes del regreso a clases y estableció fechas y días específicos para su uso.
Uno de los casos ocurrió en la Secundaria 10 “Moisés Sáenz Garza”, ubicada en el centro de Monterrey. Ahí se informó que, a partir del 12 de enero de 2026, todos los estudiantes deberán usar el uniforme proporcionado por el gobierno estatal durante tres días a la semana. En los otros dos días se permitirá el uniforme tradicional del plantel.
Una instrucción similar se envió en la Secundaria Técnica 72, al norte de la ciudad. A través de mensajes de WhatsApp, padres fueron notificados de que los alumnos deberán acudir con el uniforme estatal los martes y jueves. En ambos casos, la medida se presentó como obligatoria.

Padres Cuestionan Uso De Imagen Política En Aulas
La polémica creció cuando padres de familia señalaron que el uniforme incluye logotipos del gobierno estatal y el color naranja, asociado al partido en el poder. Para muchos, esta decisión desplaza la identidad escolar y coloca a los estudiantes como portadores de una imagen política.
Algunos padres expresaron que el uniforme debería priorizar el escudo de la escuela, el nombre del alumno y elementos que fortalezcan el sentido de pertenencia. En cambio, consideran que la presencia de logotipos oficiales responde más a una estrategia de visibilidad gubernamental.
También hubo molestia por la forma en que se comunicó la medida. En varios casos, el aviso se dio con poco margen de tiempo. Esto generó problemas prácticos, ya que algunos uniformes quedaron grandes y no hubo días suficientes para ajustarlos antes de su uso obligatorio.
Contratos Y Proveedores Agregan Más Críticas
Otro punto que avivó la inconformidad fue el origen de los uniformes. Las prendas fueron suministradas por empresas que han recibido contratos relevantes durante la actual administración estatal. Esta información llevó a padres y observadores a cuestionar las prioridades del gasto público.
Para algunos, el debate no se centra solo en el uniforme, sino en el mensaje que se envía desde el gobierno hacia las escuelas públicas. Señalan que, mientras persisten problemas de infraestructura, rezago educativo y falta de recursos en los planteles, se impulsa una medida que privilegia la imagen institucional.
Al solicitar una postura oficial, el gobierno estatal respondió que cada escuela decide cuándo utilizar los uniformes. Sin embargo, padres aseguran que la instrucción llegó como una orden directa, sin margen real de decisión para las comunidades escolares.

Educación Pública Entre Identidad Escolar Y Uniforme Naranja
El caso del uniforme naranja reabrió una discusión más amplia sobre los límites entre programas sociales y promoción política. Especialistas en educación han señalado en otras ocasiones que los apoyos gubernamentales deben evitar símbolos partidistas para no vulnerar la neutralidad en las aulas.
En este contexto, la polémica refleja una tensión constante entre el discurso oficial y la percepción ciudadana. Mientras la administración defiende la entrega de uniformes como un apoyo a las familias, padres consideran que la obligatoriedad y el diseño cruzan una línea sensible.
La discusión también ocurre en un momento donde la educación pública enfrenta múltiples retos en Nuevo León. Por ello, muchos cuestionan si este tipo de decisiones abona realmente al bienestar de los estudiantes o si responde a otras prioridades.
Por ahora, el uso del uniforme estatal ya es una realidad en varias secundarias. Sin embargo, la inconformidad persiste y podría escalar a nuevas exigencias de padres que piden claridad, respeto a la identidad escolar y una educación libre de mensajes políticos.
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